Busca lo que no encuentres:

¡Personaliza tus materiales para la vuelta al cole!

Con la recién entrada de septiembre volvemos a la rutina, y con ella, los pequeños de  la casa, dan la bienvenida a la vuelta al cole. Nuevas experiencias, emociones y mucho entusiasmo para tener listos todos los materiales necesarios para empezar el curso con buen pie. Y, ¿qué mejor manera que motivarlos sorprendiéndoles con regalos personalizados?

Así pues ha llegado la hora de despedirnos de los calurosos días de verano en los que hemos invertido nuestra mayor parte del tiempo viajando, disfrutando del sol en la playa y la piscina o simplemente relajados en casa disfrutando de tardes en familia, para dar comienzo a una nueva etapa.
Como era de esperar, la ilusión y la novedad para afrontar un nuevo curso induce a tener lo más nuevo y original, dejando atrás los objetos que la mayoría de compañeros de clase pueden haber adquirido en la papelería de al lado de casa o en los grandes centros comerciales.
Quizás en estos momentos te estés preguntando “entonces ¿qué artículos pueden convertir mi kit escolar en el más original?” La respuesta es muy sencilla, como hemos anunciado al principio: todos aquellos que sean personalizados.
Ya no hay barreras en cuanto a imaginación se refiere. Por ello, qué mejor manera que llevar todo lo esencial del cole al gusto de cada uno.
Partiendo desde lo básico, como una mochila personalizada, con la forma, tamaño, color y diseño que cualquiera desee: con cuerdas, plegable, cruzada o con motivos animales hasta cualquier tipo de objeto tan útil y simple como un bolígrafo, un sacapuntas, un estuche o un USB, entre muchos otros.
 
 ¿Alguna vez habías imaginado un estuche personalizado con calculadora exterior dentro del cual pudieras llevar un sacapuntas en forma de contenedor? ¿Y una libreta personalizada en forma de corazón para agendar todas las tareas de la semana.
No cabe duda que, más allá de los clásicos materiales escolares que la mayoría de mortales conocen y pueden encontrar en gran parte de establecimientos que venden este tipo de productos, existen muchos otros que probablemente ni siquiera conocieras hasta el momento y que, por supuesto, resultan mucho más atractivos.
Este nuevo curso,  cambia el chip y apuesta por el material personalizado.
Más información en pongomilogo.es

Mini vacaciones en Almería

A las 6 de la mañana en una madrugada del jueves 8, me levanto para ultimar las cosas del aseo en mi maleta y desayunar tranquilamente. Espera... ¿tranquilamnete? ¡no! ¡Estaba de los nervios! Había quedado a las 6:30 con mi chico y tardó un pelín. Sobre las 6:45 que llegó, pusimos rumbo a Almería.
Las ganas, la emoción de que llevaba años sin pisar, ni muchos menos ver la playa hacía que tuviera más ganas de las imaginables en llegar cuanto antes. Solo iban a ser 2 días, pero iban a ser nuestras mini vacaciones... nuestro primer viaje en parejita. ¡Cómo para no ser realmente increíble!

Era de noche cuando salimos y por el camino empezó a salir el sol. Ese sol, llamativo, amarillo y conquistador de un cielo anaranjado. Estábamos viendo amanecer.
Los primeros rayos de sol empezaron a salir. Ya era hora de ponerse las gafas y seguir pensando que cuestión de horas  ese mismo sol iluminaría toda  la playa.
En unas 5 horas de viaje, hicimos un par de paradas. Por el camino, ya al llegar a Almería se iban viendo muchas montañas. Ansiaba las ganas de llegar, ver con mis ojos el mar. Y nada, no se veía ni pizca de mar. Solo montañas... Muchas curvas, hasta que por fin llegamos a nuestro destino en Almería: Carboneras.
A lo lejos se veía el mar, y según bajábanos con el coche las típicas tiendas que venden cosas de playa, gente andando. ¡Habíamos llegado!
Antes de nada, prefirimos ir al hotel y avisar de nuestra llegada. Para luego, tranquilamente ir subiendo con las maletas. El hotel que elegimos fue: El Dorado. En este hotel, hay varios carteles de películas. Entre ella "Ladrones de Arabia".
 
Toda la decoración del hotel era preciosa y dorada. La chica que nos atendió, nos subió a la habitación y cuando se fue, empezamos a cotillear por dentro.
Se veía pequeña, pero era bastante acogedora para los dos. Un mini tour a ella (si hay maletas es porque las fotos las hice después de subirlas... jiji).

Lo primero enseñaros las llaves del hotel. Nos dieron la de la puerta principal. Por si llegábamos pasado las doce de la noche, que esta permanecería cerrada (la blanca) y la de nuestra habitación 111. Añadir que la de la habitación, pesaba tanto como un mazo.
 Aquí la cama de matrimonio cubierta con una mantita de terciopelo roja. ¡Qué chula! Dos armarios, con unas perchas de lo más raras para la ropa y unas mesitas de noche.
Tenía aire acondicionado, televisión, una mesa y dos sillas. Al lado una ventana que daba al pasillo.
Si la abríamos, se veía unos barrotes y de fondo la playa. Hubiera estado genial, sin barrotes y ver la playa directamente. Así que cortina echada casi siempre.
 Cuando entras, a la izquierda de la cama está el baño. Con un espejo que se podían encender luces, un retretete en el que ponía "desinfectado" por un plástico, un videl y una bañera con ducha.
Esa era toda la habitación. Al salir había un pasillo a la izquierda con más habitaciones y todo recto, otro que se veía la playa. Ya saliendo por nuestra habitación. Los pasillos del hotel, eran de encanto. 
Un sofá para esperar. Según está tomada esta foto, entrando por la puerta que se ve a la izquierda ahí justo estaba nuestra habitación.
Girando de esta foto a la izquierda, esto sería lo que se veía:
 Bajando las escaleras desde donde están tomadas las fotos, vamos viendo la impresionante decoración.
Seguimos bajando escaleras y daríamos a la entrada si mirásemos a la izquierda.
Al lado de la silla roja, la puerta de la izquierda llevaba a la cocina. Donde no se podía pasar. Y la de la derecha al salón del descanso, al restaurante, a las terracitas y a la piscina.
Lo primero que se ve es el salón del descanso (o así lo llamo yo por lo que hay), un piano y a la izquierda la puerta del restaurante.
El restaurante: tan bien organizado. Eso sí, va a parte en los precios.
Luego, regresando al salón del descanso así se ve todo. Con sus sofás, tele grande, mesas, sillas y la decoración de  diez.
Parte derecha a la foto de arriba. La puerta del fondo llevaba a la piscina.
Los sofás bastante cómodos. Aunque rato no pasamos en esta estancia.
La forma que tenían los arcos, es que es preciosa. Esta puerta de fondo, siempe mantenía la llave por dentro, pero si salías a fuera luego la encontrabas echada. Aquí te llevaba a las terracitas con vistas a primera línea de playa, otras habitaciones y la piscina.
Saliendo por esa puerta, vemos la playa de fondo. Las montañas, el puesto de socorrismo y un pequeño aparcamiento donde dejábamos el coche.
Si giramos la vista a la derecha, vamos de camino a las terracitas.
Luego con vistas a la playa, a la piscina con tumbonas, con muchas más habitaciones "lujosas" con solarium y un gusto para la vista.
Más mesitas cerca de la piscina. Todo lo que se ve son más habitaciones.
La piscina. Que sé que había ganas de verla desde que la mencioné. La parte de la izquierda da la puerta del salón del descanso y de fondo había una barbacoa (al aldo de la puerta blanca).
Hasta aquí todo el tour de primeras impresiones del hotel.
Después de dejar todas las cosas, ya estábamos casi en horas de comida. En vez de comer, lo primero que hicimos fue ir a la piscina y darnos un chapuzón. Allí conocimos a este gato, que estaba debajo de mi tumbona.
Posteriormente comimos en la habitación algo que habíamos comprado el día anterior.
Estaba deseosa de ir a la playa, ya que la teníamos al lado. Como hay que hacer la disgestión, esperamos y a las 16 horas ya estábamos en la playa.
La playa que está al lado de este hotel, es de piedrecitas incómodas que molestan al andar. Dentro del agua es de pedrolos, nada más meterte. Menos mal que tenía cangrejeras de las de antes y mucho daño no me hice. Algo que me gusta mucho, muchísimo es bucear. Así que eso fue lo que hicimos mi chico y yo, bucear en las cristalinas aguas de esa playa. Veíamos los peces moverse y el mar era súper tranquilo. Solo había olitas que no eran nada agresivas.
No me podría creer que estaba buceando sintiéndome una sirenita, un pececito más...

Al acabar, inspeccionamos un poco la zona y volvimos al hotel a ducharnos para salir. Como era prontito, decidimos ir a Agua Amarga, el pueblecito de al lado perteneciente a la municipio de Níjar.
Este era el primer sitio donde íbamos a ir, pero se salían de precio.
 Aquí había más playas y las calles con un ambiante muy parecido a la serie "Mar de plástico".
Curioseamos la explanada de la Playa de los Muertos. Se veía que había que bajar bastantes piedras hasta llegar. La gente iba muy cansada a la subida.
Aquí se puede ver los caminos por donde la gente subía.
 En un atardecer maravilloso, se ve la la Playa de los Muertos y sus dificultades de acceso. El aire que se respiraba era más puro, relajante y calmante. ¡Increíble paisaje!

Ya había hambre y teníamos claro que queríamos comer marisco. Mirando y mirando, vimos más o menos lo que encajaba en lo que queríamos dentro de Carboneras cerca de su paseo marítimo un restaurante llamado: "Sol y playa". Comimos fuera y me acuerdo del nombre porque le dije a mi chico, que me quedaba con la playa en mezde con el sol. Un todo incluido, jeje. Estuvimos agradablemente. La comida estaba rica y había variedad.
Para finalizar la velada, justo un poco más adelante había una heladería y nos tomamos unos helados buenísimos de toblerone mientras paseábamos por el paseo marítimo.

Algo que me gusta, es aprovechar el tiempo. Ya que íbamos a estar dos días, que menos que dos días bien aprovechados ¿o no? Madrugamos para ir a la Playa de los Muertos. Me preparé rápido, cogí el desayuno y me bajé sola a la parte de la piscina. Allí cierto zalamerito me vió con cosas ricas y se acercó.
Me miraba con cierta confianza, con sus ojos cautivadores y su cuerpecito moreno esperaba al mínimo movimiento mío.
Mientras desayunaba, se ponía hacer carantoñas para que le diera rico. Me acordaba de mis perritos rubitos y él tan moreno. Vaya diferencia. No soy de gatos, pero fue tan simpático que me cayó bien.
Más tarde, se fue a tomar el solecito y bajó mi chico.
Después de desayunar, tocaba partir a la Playa de los Muertos.
Para poder aparcar en esta playa en un aparcamiento que hay, hay que pagar cuatro euros si vas en coche.
Fue emocionante, la bajada. Tantas piedras, tanto camino que se hacía desear  la playa. Era una bajada de unos 15-20 minutos. Dependiendo del paso que lleves tardas más o menos. ¡Vale la pena bajar!
Tengo que añadir, que no llevamos móviles por miedo a que se rompieran, robos... Así que no hay fotos, pero se ve un embarcadero y una playa grandísima. Consta de dos partes, una parte apartada y pequeña y otra grande. En la que estuvimos, fue la grande.
También es de piedrecitas incómodas y dentro del agua pedrolos. Aquí sí me pareció la entrada al mar peligrosa. No sólo por los pedrolos de la entrada que hasta mitad de la orilla sigue habiendo, si no, que nada más meterte en la orilla ¡cubre! Así que no te puedes alejar mucho de los pedrolos por lo que los vas pisando mucho. Tiene olas tranquilas a simple vista, pero una vez dentro, estas pueden hacer contigo lo que quieran. Desde luego con niños, precaucción. Pudimos bucear, el agua era cristalina, pero la presión del agua era muy grande y por mucha resistencia te movía y te alejaba de la zona.
Para tomar el sol siempre y cuando con protección solar, se está muy agusto. Nunca me había quedado "dormida" durante 30 minutos, tan tranquila y sintiendo el sonido de las olas.

Por la tarde, le insistí a mi chico de irnos antes. No pensaba meterme más a ese agua. La sensación de presión no me gustó y sentí que nadando podría acabar mal. Bucenado mejor, pero como el respirador se llenara de agua, estaría perdida. Así que, teníamos previsto visitar la cala de Enmedio.

Atención porque no tiene desperdicio. ¡Menuda odisea para llegar a esta cala!
El coche hay que dejarlo en un pequeño aparcamiento porque no hay carretera. Las indicaciones son escasas. Con esto quiero decir, que hay un letrero que  viene a decir sigue este camino y en breve has llegado. ¡Mentira!
Sigues un caminito que hay y empiezas a ver montañas, no hay gente y piensas: "¿estará detrás de esto que veo"?  No. Se ve una playa, con unas preciosas vistas, pero ni rastro de la cala.

Vemos una mujer que bajaba y le preguntamos y nos dice literalmente: "es subir y girar a la derecha y allí la veréis". En esto que piensas que en nada estarás bañándote. Porque vaya calor que hacía.
Seguimos andando y ni a la derecha ni nada... no había camino. Pues vamos a la izqueirda. Nos encontramos a una familia de sevillanos. Tan perdidos encontrando la misteriosa cala que nos dicen que por ahí no es. Total que nos unimos a ellos siguiendo varios senderos que se unían en uno en plenas montañas. Unas subidas, unas piedras, unos pedrolos... y seguimos sin ver la cala.
Unas vistas impresionantes de la carretera. Estábamos en las montañas. En esas inmensas montañás que tapaban y a la vez escondían algo.
Y de repente, con tanta bajada que a veces daban las ganas de retroceder e irnos. Pero cuando mirabas atrás y pensabas el corrido, ves... ¡la cala de Enmedio!
Una arena fina, suave que daba gusto pisar. Entonces te das cuenta de qué cala tan bonita escondían las montañas y que vale la pena andar 1,5 km entre piedras y senderos  para dejar tus huellas... para conocer un paraíso natural del Cabo de Gata.

Lo primero que ves, es que la gente va desnuda. Vamos una playa nudista... ¡Eso no me lo esperaba! pero daba igual, porque fue dejar las cosas y al agua patoooooos.
Las olas eran suaves de las que no te enteras, entras al agua y no hay pedrolos, te alegras, nadas y sabes que no te vas a hundir por mucho que te alejes de la orilla. Buceas, y sientes tanta seguridad que confías en pegarte a las rocas y ver peces, flora marina... ¡Es estupendo! Simplemente te dejas de llevar, vives, eres libre, disfrutas de tu pareja, y eres testigo que si merece vivir es para tener momentos increíbles como estos.
Vas dejando tus huellas en la arena, aun sabiendo que el agua las borrará, pero lo bien disfrutado jamás será olvidado.
Para cenar, volvimos por donde el mismo sitio que el día anterior. Esta vez a un restaurante llamado: "Los Barquitos". Que descubrí por los tickets, que pertenecen ambos restaurantes al mismo dueño.
Pedimos chopitos y calamares. Nos trajeron pulpo de entrante, supuestamente "gratis".
Aunque el pulpo no me gusta, disfruté de lo que pedimos. Estaba bueno, pero los precios un poco elevados. Algo que no me gustó aparte de eso, es que cobraron el pan. Me pareció fatal, no habíamos pedido pan y cuando te lo dan no tienes por qué pagarlo... vamos en "Sol y playa" pusieron y no lo cobraron. Para mi gusto, es un detalle feo...
De postre, fuimos a otra heladería a por unos helados. Esta vez no los sirvieron bien y que decir, que no hay foto y es algo que mejor olvidar.
La noche fue maravillosa... el sonido del mar de fondo.

El último día, también madrugamos para ir a andar a la playa y ver amanecer.
Así serían unos muy buenos días, desde la ventana del pasillo.
 El sol tan firme, tan contemplador en el mar. No hay palabras...
Toda Carboneras era nuestra. Ni un alma, un silencio...
Nos recorrimos toda la playa, unos 30 minutos para ver más de cerca la Isla de San Andrés.
La zona de embarcación a lo lejos, donde pasado está la Isla de los Muertos.

Después, a disfrutar de la piscina, del sol, de las últimas horas de hotel y rumbo a casita.


"Más que un viaje, una aventura, convertido en odisea de tu mano a donde sea"